Hay dinero si priorizamos bien las amenazas

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Nos gastamos una auténtica fortuna en defendernos, pero… estamos priorizando bien las amenazas? Si el objetivo es defendernos, quizá la prioridad no sea comprar armas, sino plantar bosques y conservar la naturaleza. Un estudio publicado en Nature (D. García, 20 Agosto 2020) ha hecho los números detrás de esta idea, y los resultados son increíbles.

El coste de la violencia en 2019 supuso el 10% del producto interior bruto global. El 10%. Este estudio ha cuantificado que, si destinásemos tan solo el 1% del PIB global a la transición ecológica y a la restauración de ecosistemas podríamos alcanzar los objetivos del acuerdo de parís y contener el calentamiento cerca del límite de 1.5ºC. Tan solo el 1%. Pero espera, que aún hay más, con el 5%, del pib global, la mitad del coste de las guerras, alcanzaríamos todos y cada uno de los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas, entre los que se encuentra erradicar el hambre en el mundo o el trabajo infantil.

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Para conseguirlo, el estudio señala que hay que enfocarse en lo que realmente nos amenaza y que cambiando prioridades de inversión hay dinero suficiente. Toca dar 4 pasos:

1. Detener la carrera armamentística. Es hora de firmar una acuerdo internacional vinculante para frenar el gasto en nuevas armas y más armamento.

2. Liquidar de raiz el tráfico de armas para desactivar las amenazas terroristas y los genocidios.

3. Redirigir una gran parte del presupuesto militar para asegurar el cumplimiento de los acuerdos de París. Los 60.000 soldados que China ha destinado ya a reforestar y restaurar ecosistemas, habiendo contribuido a crear un área de nuevos bosques equivalente a la superficie de Costa Rica CADA AÑO de lo que llevamos de siglo, nos podrían dar una pista. Fuente:

4. Reinvertir el presupuesto en los objetivos de desarrollo sostenible para 2030.

Erradicar la pobreza, combatir la desigualdad y crear millones de empleos verdes está al alcance de nuestra mano. Solo tenemos que coger el dinero que gastamos en matarnos e invertirlo en salvar el futuro de la vida en la Tierra.

En que consiste la nueva vacuna mundial

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Este texto está extraído del artículo “Las revolucionarias y seguras vacunas de ARN” escrito por Raquel Pérez Gómez en colaboración con Miguel Ángel Rodríguez-Gironés, Joaquín Hortal y Fernando Valladares, publicado el 21 de diciembre de 2020 en la sección de Ciencia Crítica de eldiario.es (https://www.eldiario.es/cienciacritica/revolucionarias-seguras-vacunas-arn_132_6516806.html)

Nunca antes en la historia de la ciencia se han desarrollado simultáneamente tantas vacunas diferentes contra el mismo patógeno como ante al SARS-CoV-2. Hasta el momento son unos 120 prototipos, desde una diversidad de enfoques y estrategias enorme. Es probablemente esto lo que ha propiciado el desarrollo de un nuevo tipo de vacunas, las de ARN mensajero (ARNm), que han llevado a cabo en paralelo dos compañías: Pfizer y Moderna. Una vacuna es un medicamento cuya acción consiste en enseñar al organismo una muestra procedente del virus o bacteria contra el que queremos defendernos (llamada antígeno), lo cual provoca una respuesta del sistema inmune de forma que pueda reconocer al patógeno en caso de una infección activa y eliminarlo o, al menos, atenuar el avance de la enfermedad o generando sólo una patología leve. Las vacunas clásicas consisten en la inyección de un patógeno (virus o bacteria) debilitado, atenuado o inactivado, esto es, incapaz de infectar o sin capacidad para provocar una infección severa. La vacuna más antigua que existe fue desarrollada por un proceso llamado variolización, para la prevención de la viruela. Este proceso consistía en recolectar costras de enfermos, u otros restos de una viruela en curso, y administrar pequeñas cantidades de forma subcutánea a un sujeto sano que no hubiera padecido la enfermedad. Esto provocaba la reacción del sistema inmune contra esos agentes que se identificaban como ajenos al organismo y la generación de defensas específicas contra ellos. Pese a que este método no estaba exento de riesgos, sentó las bases de lo que más tarde sería el desarrollo de las vacunas modernas.

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Dentro de las vacunas de virus debilitados o atenuados encontramos la del sarampión, las paperas y la rubéola. Entre las “vacunas muertas” (con el patógeno inactivado), que se hacen con fragmentos tomados de un virus o bacteria, se encuentra, por ejemplo, la de la tos ferina. En cuanto a las vacunas contra la gripe las hay de ambos tipos. En las vacunas sintéticas se genera de forma artificial una proteína del agente infeccioso; es lo que ocurre con la de la hepatitis B. Algunas bacterias actúan contra el organismo produciendo toxinas, como ocurre con el tétanos o la difteria. En ese caso podemos enseñar al organismo a reconocer dichas toxinas en forma atenuada (toxoides). Si bien estas vacunas no entrenan al organismo para eliminar al patógeno, impiden la acción dañina de sus toxinas y, por tanto, el desarrollo de la enfermedad.

Así funciona la vacuna de Pfizer contra el Covid - El Independiente

En los últimos años se ha ensayado un nuevo concepto de vacuna, las vacunas de ARN mensajero (ARNm), moléculas que contienen la información necesaria para traducirse a proteínas. Se ha tratado de desarrollar una vacuna de este tipo contra virus como el del sida (VIH) o el del herpes simple, aunque no han funcionado todavía. Las vacunas de ARNm se están ensayando también contra la gripe, con buenas perspectivas, pero su desarrollo está siendo relativamente lento. Incluso se está intentando desarrollar un sistema similar para inducir al sistema inmune a destruir específicamente células tumorales en pacientes con cáncer. Sin embargo, ninguno de los intentos previos de usar vacunas ARNm ha tenido un éxito tan aplastante como, en principio, sí está teniendo y parece que va a tener este tipo de vacunas en la lucha contra el coronavirus. Si bien hay virus contra los que fue relativamente sencillo desarrollar vacunas, como en el caso de las paperas o el sarampión, hay otros virus que se resisten, como en el del VIH. Con el coronavirus, la situación es bastante favorable para la generación de una vacuna eficaz. Además, hay virus que son tan variables que requieren cambiar de vacuna cada año, como es el conocido caso de la gripe. Y parece que también hemos tenido suerte en esto, ya que el SARS-CoV-2 parece no mutar demasiado. Lo que está claro es que la urgencia global por desarrollar un remedio contra la Covid-19 ha proporcionado los niveles de inversión necesarios para alcanzar, en tiempo record, unos avances que eran muy prometedores pero requerían un potente desarrollo científico y tecnológico.

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El modo de acción de estas vacunas consiste en introducir en el organismo las instrucciones, en forma de moléculas de ARNm, para que nuestro propio cuerpo genere copias de una proteína del patógeno. A pesar de ser producida por células propias, la proteína del patógeno (vírica en este caso) es reconocida como un agente extraño (llamado antígeno). Este reconocimiento estimula la producción de defensas específicas contra él, los conocidos anticuerpos, y así el antígeno será eliminado del organismo. Durante este proceso de reconocer una proteína vírica, que en realidad hemos sintetizado nosotros mismos, el organismo generará memoria inmune contra ella. Cuando el virus entre en el organismo, el sistema inmune reconocerá esa proteína que ya reconoció en su momento como agente extraño y atacará al virus que la porta, interfiriendo su infección y eliminando al virus sin necesidad de haber entrado en contacto directo previamente con él. En caso del SARS-CoV-2, el ARNm con el que se trabaja es el que genera la proteína Spike (Figura 1), presente en la superficie del coronavirus y que es responsable de la entrada del virus a nuestras células y de su fuerte infecciosidad.

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Figura 1: recreación de un virus SARS-CoV-2. En rojo la proteína Spike.

Fuente: Centers for Disease Control and Prevention’s Public Health Image Library.

Aunque contado así pueda sonar lógico e incluso sencillo, los detalles este proceso presentan enormes dificultades técnicas. En primer lugar, el ARNm es una molécula tremendamente lábil y se degrada con gran facilidad. Hay unas enzimas llamadas ribonucleasas (o RNasas) presentes en todas partes (en el aire, en nuestro aliento, nuestra piel, en cualquier bacteria) que degradan el ARN a toda velocidad. A temperatura ambiente el ARNm se degrada con rapidez. La única manera de mantener íntegro el ARNm es preservarlo en esterilidad total y a temperaturas muy bajas, a las que las ribonucleasas no actúan. También se pueden emplear ciertos productos que favorecen la estabilidad del ARNm. En el laboratorio, el ARN se conserva a -80ºC. Es por ello que la vacuna contra la Covid-19 de Pfizer necesita almacenarse en ultracongeladores que puedan mantener esas temperaturas tan bajas. Por supuesto habrá estrategias y reactivos que favorezcan la estabilidad del ARNm a temperaturas más altas, y ese es precisamente uno de los puntos limitantes en el desarrollo de una vacuna de ARN. De hecho, Moderna ha conseguido que su vacuna se pueda conservar a -20ºC, aparentemente triplicando la concentración de ARNm, de manera que si se degrada una parte aún seguirá conteniendo suficientes moléculas íntegras como para funcionar. Aunque esto encarece su producción y su comercialización, facilita su manejo y distribución posterior. Una vez descongeladas, ambas vacunas resisten un tiempo limitado y concreto.

La segunda dificultad técnica es la de hacer llegar ese ARNm al interior de las células en una inyección intramuscular sin que sea eliminado antes por nuestro sistema inmune. Hay que lograr que se introduzca en las células y alcance la región del citoplasma donde pueda traducirse a proteínas, es decir, que alcance los ribosomas, y eso no es nada sencillo. Esta dificultad parece haberse solventado realizando una serie de sofisticadas modificaciones de las cadenas de ARNm e introduciendo las moléculas resultantes en nanopartículas de grasa, que favorecen su llegada y liberación en el interior de las células. Aquí es necesario aclarar rotundamente que el ARNm presente en las vacunas no viaja del citoplasma de la célula al núcleo, donde se encuentra el ADN, es traducido a proteína en los ribosomas y degradado inmediatamente. Es por ello que no existe posibilidad alguna de que modifique nuestro genoma. El flujo natural del ARNm es siempre del núcleo al citoplasma, no al revés. En otras palabras: la vacuna no puede “hacernos transgénicos” ni modificar nuestro ADN. Al igual que el resto de ARNm endógenos, o generados por nuestras células, una vez ha cumplido su cometido y generado una cantidad determinada de proteína Spike, es eliminado.

Visión panorámica del sistema inmune | Revista Médica Clínica Las Condes

Para determinar si una vacuna es eficiente se evalúa la respuesta inmune generada en los participantes en el ensayo mediante diferentes métodos. Ambas vacunas (Pfizer y Moderna) parecen generar inmunidad en las personas participantes en el ensayo de fase III con una eficacia superior al 90% (ver aquí y aquí). Esto indica que, independientemente de las distintas estrategias seguidas por las dos compañías, la vacuna de ARNm genera una respuesta inmune específica y eficaz contra este patógeno en particular. No obstante, para alcanzar ese nivel de efectividad es necesario realizar dos inyecciones separadas por 3-4 semanas y esperar unos días más para que completen su efecto. Es llegado ese momento cuando se puede decir que se ha alcanzado la inmunidad. En cuanto a un aspecto tan importante como la duración de esa inmunidad en el tiempo poco se puede decir con tan sólo unos meses de ensayos clínicos. Sólo nos queda esperar y ver, pero, aunque la inmunidad individual dure sólo unos pocos meses, ya tendría unos efectos muy favorables para reducir drásticamente los contagios y la expansión del virus a nivel poblacional y colectivo.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la Farmacogenética - Medicina  personalizada Genómica

La principal ventaja de este tipo de vacunas es la rapidez con la que pueden producirse, ya que sólo necesitamos conocer la secuencia de ARN o ADN del patógeno en cuestión. Además, prometen ser incluso más seguras que las vacunas clásicas. En lugar de producir las proteínas de forma sintética e inyectarlas en los individuos o desarrollar e inocular virus atenuados, inyectamos directamente un ARNm, que es más fácil y barato de producir, y son las personas vacunadas las que producen la proteína del patógeno que inducirá la respuesta inmune. Se acelera de este modo enormemente el proceso, además de disminuir el riesgo de que la vacuna tenga efectos secundarios importantes. Esto es un hito en la historia del desarrollo de vacunas y abre la puerta a la posibilidad de enfrentarse a otras enfermedades de forma mucho más rápida y eficiente en el futuro. Lo cual equivale a encarar mucho mejor las pandemias que están por venir. Ni más, ni menos.

Antropoceno, el desafío de Homo sapiens para establecer sus propios límites

Vivimos como extraterrestres en el planeta Tierra. Pensamos en conquistar Marte, buscando desesperadamente una salida a los estragos ecológico-sociales que causamos en la Tierra. Sin embargo, esta salida no resuelve los problemas básicos que ha creado la humanidad, por lo que estamos destinados a cometer los mismos errores repetidamente. Debemos avanzar con la alfabetización ecológica básica de la sociedad. Nuestro objetivo final no puede ser «mejorar indefinidamente el bienestar de la humanidad» (por importante que nos parezca), sino el funcionamiento sostenible de un planeta que hace posible nuestra existencia dentro de una biosfera rica y diversa. Nuestra fantasía sobre el excepcionalismo humano, considerándonos apartados y por encima de la naturaleza sin estar sujetos a sus leyes, hace que prestemos poca atención a la destrucción que estamos provocando en la trama de la vida. Como Nate Hagens y Richard Heindberg (en Heindberg 2011) han desarrollado ampliamente, no tenemos un problema de escasez de recursos, sino más bien de exceso de expectativas.

El objetivo del nuevo modelo de bienestar humano que está surgiendo en el Antropoceno debe ser adecuar nuestro modo de vida a los límites ecológicos impuestos por el planeta. Este nuevo modelo se basa en la noción de que el bienestar depende de permitir una vida digna y de oportunidades para todos los seres humanos, pero protegiendo al mismo tiempo la integridad de los sistemas que sustentan la vida de la Tierra. El marco conceptual, que se visualiza como un «Donut» con límites sociales internos y límites planetarios externos (Raworth 2017), puede proporcionar una orientación muy necesaria para el progreso de la humanidad en el siglo XXI.

 

El Antropoceno como era geológica diferenciada ha sido objeto de un debate activo dentro de la comunidad científica. Esta era incluye la noción de que Homo sapiens ha tenido un gran impacto en los procesos planetarios globales. Es importante conectar la noción y la naturaleza del Antropoceno con el éxito socioeconómico y los impactos ambientales inesperados o no planificados de la actividad antropogénica. Algunos de los principales logros a lo largo de la historia de la humanidad han implicado desarrollos importantes para muchas civilizaciones humanas, pero también han tenido resultados no deseados que no podíamos prever, incluido el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, los cambios en el área de distribución de especies o afectación de todos los principales ciclos biogeoquímicos.

El aumento de la esperanza de vida y la salud humanas ha promovido un crecimiento demográfico exponencial, que junto con el aumento de la huella ambiental per cápita ha empujado muchas variables fundamentales para el funcionamiento de la Tierra (por ejemplo, biodiversidad, ciclo del nitrógeno, cambio climático) fuera de sus límites de seguridad. Hay muchos ejemplos de ecosistemas que se han derrumbado en todo el mundo porque hemos cruzado los límites de su explotación sostenible. Paradójicamente, es la humanidad misma la que está empujando al Planeta a condiciones en las que nuestra propia supervivencia no será posible. La razón detrás de un impacto ecológico y funcional tan fuerte en el Planeta en un espacio de tiempo relativamente corto es un sistema económico insostenible basado en el supuesto de que un crecimiento económico perpetuo no solo es posible sino deseable. Nuestro despertar debe descansar en un marco global destinado a cambiar nuestra relación con el Planeta.

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Reflexiones ante problemas que nos quedan grandes como la pandemia o el cambio climático

El Antropoceno es un periodo en el cual las actividades humanas dominan muchos e importantes procesos del planeta Tierra. Este dominio se hace en general de forma inconsciente, como resultado gigante e indeseado de nuestras actividades cotidianas y de nuestro frenesí productivo. Nadie ha querido cambiar el clima de la tierra ni llenar el mar de plásticos. Nadie ha querido extinguir especies ni generar las condiciones idóneas para una pandemia. Todo esto ha ocurrido en buena medida por nuestra causa y paradójicamente somos los primeros en sentir sus terribles impactos y somos incapaces de amortiguarlos una vez están en marcha. Son problemas que nos quedan grandes, muy grandes. Solo queda evitarlos, una vez lanzados, nos sobrepasan. De todo esto reflexionamos en una entrevista en el interesantísimo proyecto “El Laboratorio Filosófico de la Pandemia y el Antropoceno” de la Red Española de Filosofía (https://redfilosofia.es/laboratorio/).

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Aquí se ve la entrevista:

https://redfilosofia.es/laboratorio/2020/06/20/el-laboratorio-conversa-con-fernando-valladares/

La biodiversidad nos protege de pandemias

Las zoonosis, infecciones humanas de origen animal, suponen la mayoría de las enfermedades emergentes de los últimos 70 años y generan al menos mil millones de casos de enfermedades cada año. A veces tendemos a pensar que los bosques tropicales y las selvas inexpugnables son reservas peligrosas de estos patógenos, y tendemos a verlos como lugares muy comprometidos para el ser humano. Es cierto que contienen muchas especies, no en vano son reservorios de biodiversidad, una biodiversidad de la que nos aprovechamos para materias primas, fármacos y multitud de principios activos. Pero es justo en esos lugares donde encontramos … ¡¡¡la defensa contra las pandemias!!! Así que la preocupación… ¡es justo al revés!, nos debe preocupar la pobreza no la riqueza de especies ya que es la disminución de especies lo que pone en riesgo nuestra salud.

Un reciente estudio de Johnson y colaboradores en los Proceedings of the Royal Society demuestra que el número de virus capaces de infectarnos a los humanos que están presentes en especies de mamíferos aumenta con la abundancia de la especie de mamífero de la que se trate. Es decir, aquellas especies comunes, que se han adaptado a ecosistemas alterados por los humanos son en realidad las más peligrosas, las que mas virus que nos pueden infectar contienen. Con la degradación de los ecosistemas y la pérdida de especies nos quedamos con las especies más peligrosas. Desaparecen primero las especies que tienen menos riesgo de infección a humanos.

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Se vio con la enfermedad del Nilo y la diversidad de aves. Se vio con el virus del Hanta y los roedores, y, especialmente, con la enfermedad de Lyme en la costa este de América del Norte: en este caso, la desaparición de las zarigüeyas y la expansión de los ratones favoreció el contagio e infección de humanos. El trabajo reciente de Jonhson y colaboradores concluye que, en general, el declive de las poblaciones de animales salvajes conlleva un incremento del riesgo de transmisión de virus animales a los humanos.

La biodiversidad nos protege de muchos de estos virus y en general atenúa los posibles impactos, minimizando los riesgos de infección a humanos y sobre todo de que se dispare una pandemia. Multitud de estudios lo avalan… pero… ¿Cómo ocurre exactamente?

Existen tres mecanismos de protección, uno de control de las poblaciones infectadas y dos de cortafuegos del contagio.

  1. Control poblacional. La biodiversidad establece relaciones de control en la abundancia de las poblaciones de unas y otras especies. La presencia de muchas especies atenúa posibles explosiones demográficas de las especies que actúan de huéspedes de los patógenos. Por ejemplo, los predadores regulan las poblaciones de sus presas, la cantidad de presas regula la cantidad de predadores, los parásitos regulan las poblaciones de predadores y presas, las especies que compiten entre sí o que se necesitan mutuamente regulan sus densidades y son reguladas en ecosistemas ricos en especies.
  2. Por dilución. La biodiversidad de especies hace que los virus (o patógenos en general) se alojen en huéspedes intermedios no adecuados para su propagación, quedando el virus frenado en esa especie intermedia y la carga vírica global diluida
  3. Por amortiguación. Es similar a la dilución pero a nivel intraespecífico. Se debe a la biodiversidad dentro de una especie y no entre especies. La diversidad genética de una misma especie que actúa como hospedador del virus o del patógeno favorece el desarrollo de resistencia, ya que ciertos individuos no sufren la enfermedad y son capaces de bloquear al virus. Lo estamos viendo en nosotros mismos, con grandes diferencias entre personas, unas que apenas sufren la enfermedad otras que enferman gravemente, algunas que son grandes propagadoras siendo asintomáticas y toda una variedad de respuestas al virus. Esta diversidad de respuestas favorecida por la diversidad genética, aumenta las posibilidades de generar resistencia, reduce significativamente la transmisión y el contagio, y reduce, al igual que la dilución, la carga vírica global y el riesgo de pandemia. Poblaciones genéticamente empobrecidas son por tanto vulnerables a los patógenos y suponen un riesgo de transmisión a humanos.

Del coronavirus que genera la COVID-19 sabemos que se originó en el murciélago, pero no se ha visto ni se espera la infección directa desde este animal, ya que apenas hay contactos humanos con murciélagos y la ruta epidemiológica murciélago-humanos se ha descartado en todos los virus anteriores. Sabemos que pasa a otros animales, aunque no sabemos a cuantos tipos de animales distintos puede afectar. Se encontró por ejemplo en un tigre de un zoológico de Nueva York, además de en los famosos pangolines. Estudios moleculares y filogenéticos están viendo qué grupos animales pueden actuar como hospedadores intermediarios del virus. Se ha visto que varias especies de mamíferos y aves tienen los receptores adecuados para el virus por lo que es importante interrumpir la cadena de contagios entre especies.

Una medida directa para interrumpir la cadena de contagios tanto entre especies animales como entre estas y los humanos es revisar, regular o incluso prohibir los llamados “mercados húmedos”. En estos mercados multitud de especies de animales se mantienen vivos y en condiciones sanitarias deficientes hasta el momento de ser vendidos o consumidos. Una razón adicional para eliminar o cambiar profundamente estos mercados es que, en estos lugares, así como en todas las etapas de captura, manipulación y transporte, los animales sufren un estrés intenso y prolongado. Como resultado de este estrés, su sistema inmune se deprime, del mismo modo que nos ocurre a nosotros mismos. Y al igual que nos pasa con el virus del herpes labial o el de la varicela-herpes zoster, con el estrés y la inmunodepresión, sube la carga vírica. Podemos sufrir o no la enfermedad, pero nos convertimos en organismos muy infecciosos. Esto se ve amplificado por el del tráfico ilegal de especies, donde las condiciones en las que se mantienen los animales son aún peores.

Romper la cadena de contagio y reducir el estrés de los animales que eventualmente convivirán en un mercado o en una instalación ganadera son actuaciones clave para prevenir zoonosis que puedan convertirse en pandemias. Pero mantener ecosistemas funcionales y ricos en especies es la actuación más importante. En estos ecosistemas se producen muchas interacciones entre animales con cargas víricas bajas o moderadas, la carga vírica se diluye, se vuelve poco probable que el virus salte a hospedadores favorables y lo haga en cantidades suficientes para generar la infección. Además, en estos ecosistemas existen predadores que pueden eliminar a los individuos más débiles, los que están experimentando la enfermedad, y favorecen por tanto a los más robustos cuyo sistema inmune deja poco margen de proliferación al virus. De esta forma, el virus se mantiene en cantidades bajas y queda controlado por la dinámica de varias especies, por las interacciones y los contactos entre distintos individuos y especies de animales y plantas en una comunidad. Así es como la biodiversidad nos mantiene protegidos, asegurando un bajo riesgo de infección.

Todo esto lo contamos en este video:

https://youtu.be/TLB5UsnO-dY 

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