A menos biodiversidad, mas infecciones… ¿se nos olvidó ahora con el Coronavirus?

Se decía en la prensa hace mas de 10 años. Desde la BBC hasta nuestros periódicos y televisiones se hicieron eco en su día de importantes estudios que mostraban los peligros de reducir la biodiversidad para la transmisión de enfermedades infecciosas. Pero se nos olvida. Ahora estamos entrando en pánico por el CORONAVIRUS, como en su día por el virus del Nilo o por Ébola. Lo fascinante del proceso es que se comprueba desde el nivel local de un bosque y unas casas cercanas hasta el nivel planetario y mas global. Pero se nos olvida. Extinguimos especies, guardamos algunos ejemplares en los museos y zoológicos y seguimos como si nada. Hasta que llega una nueva pandemia que nos pone nerviosos y la atajamos con costosas medidas sanitarias y económicas que son solo parches puntuales para cambios y amenazas que siempre estarán ahí. Nuevos estudios revelan aun mas evidencia, mas detalles, mas pruebas de que debemos mantener una naturaleza saludable y rica en especies para, entre otras cosas, reducir la amenaza de las enfermedades infecciosas. Culturas y religiones milenarias han profesado siempre un culto reverencial a la red de la vida. En estos tiempos lo reinventamos todo, simplificamos, y nos volvemos paradójicamente vulnerables a los cambios. 

red de la vida

Como niños… pero peligrosos y sin control

La historia humana se ha contado de muchas maneras. Predomina el estilo grandilocuente en el que se realzan nuestros logros, nuestras capacidades. Poner un pie en la luna, las pirámides de Egipto, componer una sinfonía… lo que pocas veces se cuenta es que lo que mas impacto tiene en nuestras vidas y la del planeta es precisamente la que hacemos sin querer y sin apenas control. Desde luego sin medir las consecuencias de nuestros actos. Tenemos evidentemente la preocupación actual por el cambio climático. Nadie quiso cambiar el clima, pero lo hicimos, y a una velocidad y con una magnitud de récord absoluto. Hace mas de 20 años Roger Hooker calculó nuestra capacidad de transformar el paisaje, de mover sedimentos y ya vio que entonces habíamos superado a la naturaleza en transformar el paisaje, en ser auténticos agentes geomorfológicos.

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La mayor parte de las 120 gigatoneladas que movíamos al año hace 20 años (ahora movemos muchas mas, recordemos que estamos en un proceso exponencial) lo hacíamos sin querer y de hecho era sobre todo erosión de suelo fértil por prácticas agrarias intensivas. Calculó que en los últimos 5000 años habíamos movido suficiente tierra para construir una montaña tan alta como el Montblanc pero de 100 km de largo por 40 de ancho. ¡5000 años es un suspiro geológico! Alguien debería ponernos freno…

A ver si esta vez la ley de cambio climático no se atranca…

Es necesaria, aunque no suficiente, y desde luego, es urgente. La Ley de Cambio Climático estuvo a punto de aprobarse en abril de 2019 cuando había pasado todos los filtros y había sido revisada y enriquecida con las aportaciones de numerosos grupos e instituciones. Pero la inestabilidad política de nuestro país y el adelante de las elecciones la metió en un cajón. En estos días el Gobierno la ha puesto en la “recta final para su tramitación administrativa”. A ver si hay suerte ahora. En este artículo de The Conversation hemos hecho un resumen y un breve análisis de sus contenidos.

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Donde mas falta hacen, mas secos bajan los ríos

Llevamos publicando en Instagram, en nuestro canal de la Salud de la Humanidad, una serie de mapas con proyecciones desde los últimos años hacia el resto de este siglo sobre el clima y los riesgos asociados que han hecho públicas la Agencia Europea de Medio Ambiente. España no sale nada bien en esos mapas. En el de hoy sobre el caudal de los ríos parecería aplicarse la mas cruel Ley de Murphy: precisamente en las regiones más secas de Europa, allí donde más falta hace el agua que traen los ríos, mas está disminuyendo y mas va a disminuir el caudal. Y son disminuciones tan drásticas que no cabe hablar de caudal ecológico ni nada similar. Con los ríos se suma la sobrexplotación del agua, el malgasto y las pérdidas por transporte con el cambio climático. Y el resultado es tan preocupante que debemos tomar conciencia y actuar con prontitud.

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¿Jugando limpio con energía sucia?

España ha tomado un rumbo decidido y ejemplar de cara a la descarbonización de la energía, con una apuesta clara por las renovables y el cierre de las centrales térmicas basadas en el carbón. Sin embargo aun la estrategia política contiene contradicciones como la de no generar energía sucia en suelo nacional pero comprarla de países como nuestro vecino Marruecos. Hemos sabido recientemente que la compra de energía eléctrica a Marruecos ha incrementado significativamente a pesar de ser mucho mas “sucia” que la que se genera en España o en otros países vecinos. Y eso comenzó hace unos meses, coincidiendo con la puesta en marcha de una gran central térmica en ese país precisamente apoyada en el uso del carbón como combustible. La cuestión es complicada, porque esta energía sucia es muy barata, y por ello la entonces ministra Teresa Ribera pidió a la Unión Europea que se impusieran impuestos a la energía sucia (pero barata) que se importe a la UE. Las centrales térmicas como la de Safí (zona ya en crisis ambiental por la industria de los fosfatos) y la de Jarada no están sujetas al sistema europeo de derechos de emisiones y por ello producen una energía barata, libre de aranceles y limitaciones. Tema escabroso, donde la mejor solución para el medio ambiente es, claramente no jugar con la energía sucia, ya que no es posible jugar limpio con este tipo de energía.

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